El nacimiento y la muerte son dos caras de la misma moneda. (Fuente: Thinkstock Images) Todos los que amamantan tienen la muerte dentro de ellos, todos los moribundos, la vida eterna. (Herman Hesse, Siddhartha)
El nacimiento y la muerte son dos caras de la misma moneda. El alma llega a la existencia (forma) desde la eternidad y deja de ser (muerte) cuando se agota su tiempo en el mundo manifestado. La forma que está formada por cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y éter, regresa a su fuente, tierra a tierra ... y el alma continúa su viaje. Su viaje como forma (cuerpo) desde el nacimiento hasta la muerte es su vida. Si bien este viaje es individual, su existencia es de interdependencia.
Como criatura social, la existencia de un ser humano se define por las relaciones que teje a través de las diversas etapas de su crecimiento. Estas relaciones se basan en emociones como el amor, el odio, la confianza, la desconfianza, la duda, el miedo, el odio… por nombrar algunos. Es a partir de esta plétora de emociones que un ser humano se expresa. Frente a la muerte, cuando la forma deja de ser, esas emociones que la persona deja atrás nos carcomen como un gusano. Las razones detrás de las emociones negativas que entretenemos parecen demasiado insignificantes para ser importantes y la postergación en expresar las emociones positivas apuñala como una daga dibujada en el centro de nuestro corazón. ¿A qué estábamos esperando? Quizás para 'para siempre'.
Dado que los seres humanos son almas encapsuladas en una forma (el cuerpo), nuestro instinto nos dice que nosotros y los que nos rodean estamos allí 'para siempre'. Y lo reconfortante de saber es que es verdad. De hecho, todos estamos allí para siempre a menos que deseemos lo contrario. En cuanto a nuestras relaciones, estas están definidas por la ley del karma. Cuando tratamos con las personas en nuestras vidas, el papel de cada uno está predeterminado. En el caso de algunas personas, nuestra deuda se liquida en una vida determinada, mientras que en otras es posible que se traslade.
Las personas reciben de nosotros solo lo que les corresponde y nosotros recibimos de ellos solo lo que nos corresponde. Estamos conectados entre nosotros por medio de nuestra deuda kármica (rnanubandhan). Es como la libra de carne, ni una onza más, ni una onza menos (Mercader de Venecia-Shakespeare).
Sin embargo, lo que hay que recordar es que aunque la relación está predeterminada, tenemos la libertad de respuesta, siempre. Al no reaccionar ante las relaciones enconadas, saldamos nuestras deudas con esas personas antes que si reaccionáramos a ellas.
En cuanto a nuestras relaciones amorosas, no te aflijas, es solo la forma la que se aniquila, la relación continúa. Continúa hasta el momento en que no sientes nada más que pura indiferencia hacia la persona. Pero mientras todavía exista ese tirón, ese tirón de un asunto pendiente, recuerden que esas almas volverán. Y así como los aceptó como la verdad última en esta vida, así será en la próxima. Hasta el momento en que hay un cierre, cuando se hace todo lo que había que hacer, se aprende todo lo que se tenía que aprender y se ha dicho todo lo que había que decir. Entonces te despides en paz.